Anécdota de un día en el metro

 ¿Qué es la verdad?


Tiesos y alborotados cabellos negros, ojos tristes y pensamientos sembrados en la tierra seca al borde de su mejilla, ropas holgadas y pestilentes, hormigas transitando ordenadamente entre por sus hinchados dedos verdes, lágrimas asomadas que se borraban con cada palabra.

-¿Qué es la verdad?- preguntó con la angustia más conmovedora de todas. La pregunta me dejó perpleja, inmune, indefensa. Traté de responder, pero tartamudeé al no tener una sola palabra lista para ser aludida, sentí como si una barra de hierro hirviendo golpeara mi cabeza y sacudiera mis estáticos pensamientos.

-Yo no puedo decirte qué es la verdad, nadie puede hacerlo- respondí con un ahogo insoportablemente amargo. –Si no conocemos la verdad, ¿cómo sabremos que es verdad la verdad? - suspiré inconforme, inútil.

- ¿Entonces nadie podrá decirme qué es la verdad? - continuó arrebatado en sentimientos.

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